Meta presentó el 8 de septiembre Muse, un agente de inteligencia artificial personal que, marcando la tendencia actual, promete ejecutar tareas: enviar correos, reservar viajes, completar formularios y hasta hacer compras sin que el usuario tenga que intervenir en cada paso.
El lanzamiento llega apenas un mes después de Muse Code, el agente para programación con el que la compañía busca competir con Anthropic y OpenAI, y de Muse Glimmer, un modelo pensado para correr en computadoras personales. Todos comparten motor con Muse Spark, el modelo insignia que Meta presentó en abril bajo la conducción de Alexandr Wang, su director de IA.
A diferencia de un chatbot convencional, Muse está diseñado para operar de forma proactiva: recuerda preferencias del usuario, convierte recetas guardadas en Instagram en listas de compras, tiene en cuenta restricciones alimentarias al organizar una cena y sigue trabajando incluso después de que la aplicación se cierra.
Mark Zuckerberg presentó el muevo agente personalmente.
Meta lo describe como un paso hacia lo que la empresa llama “superinteligencia personal”, el objetivo que Mark Zuckerberg detalló en un extenso manifiesto sobre inteligencia artificial publicado este año. Wang lo definió como “un paso temprano pero significativo” hacia esa meta, con foco en ayudar a las personas a “cumplir objetivos” y “construir cosas que de otro modo no habrían construido”.
El agente corre sobre una infraestructura llamada Muse Secure VM, dedicada y aislada por usuario que incluye un navegador propio visible para quien lo usa. Una segunda capa, denominada Sentinel, aprueba cada acción que implique salir a internet o tocar servicios conectados, y exige autorización explícita antes de enviar dinero, completar una compra o mandar un mensaje en nombre del usuario.
Meta asegura que Muse no tiene acceso a contraseñas ni a datos de tarjetas —que quedan almacenados por separado— y que las conversaciones no alimentan su sistema publicitario. Antes de fin de año, la compañía planea sumar una versión llamada Muse Confidential VM, que cifrará toda la máquina virtual con claves que solo controla el usuario.
Para pagos, Muse se integra con Link, de Stripe, lo que lo vuelve el primer agente de IA cubierto por sus protecciones de compra —reembolsos por artículos dañados, ajustes por bajas de precio, devoluciones— y sumará soporte para Shop Pay y 1Password.
El despliegue inicial alcanza solo a Estados Unidos, vía web (muse.ai), iOS, Android y WhatsApp; la compañía prometió que luego llegará a sus lentes con IA. Los precios combinan un nivel gratuito con límites de uso y dos planes pagos, Power a 20 dólares mensuales y Maximum a 100, con un medidor que avisa antes de facturar.
Meta intenta hacer foco en garantías de seguridad y confiabilidad para los usuarios, con controles de transparencia —registros de auditoría, permisos granulares por app, desconexión en cualquier momento, una función para que el agente “olvide” datos puntuales y la opción de excluir las charlas del entrenamiento de futuros modelos—, aunque medios especializados advierten que esas garantías “requerirán una investigación más profunda de expertos en seguridad” antes de darlas por probadas.
Muse llega en plena carrera por los agentes autónomos, con Google, OpenAI y Anthropic en la misma dirección. La apuesta de Meta es la escala: que miles de millones de usuarios de sus apps sean el terreno de prueba más grande para un asistente que promete actuar, no solo conversar.


