Dario Amodei, CEO de Anthropic —la empresa que desarrolla el asistente de inteligencia artificial Claude—, publicó esta semana un ensayo titulado “We Must Pace the Frontier” (”Debemos marcar el ritmo de la frontera”). En el texto pide a la industria desacelerar el desarrollo de los modelos de inteligencia artificial más avanzados y propone un plan de tres pasos para lograrlo. Como primera medida, Anthropic se comprometió a darles a evaluadores externos independientes un acceso permanente a la empresa, similar al de un empleado, para que puedan revisar sus sistemas por dentro.
El pedido no quedó aislado. Sam Altman, CEO de OpenAI, salió a respaldarlo públicamente: “Estoy de acuerdo con Dario en que necesitamos marcar el ritmo de la frontera”, escribió en la red social X, y anunció que su empresa sumará evaluadores con ese mismo tipo de acceso. Elon Musk, dueño de xAI, también respaldó el pedido. Poco después, Satya Nadella, CEO de Microsoft, agregó su propia advertencia: una inteligencia artificial superpoderosa solo vale la pena si queda bajo control humano. “Si no está bajo control humano, no vale la pena perseguirla”, dijo.
Por qué importa: el mercado interpretó estos mensajes como una señal de que la demanda de chips para entrenar y hacer funcionar modelos de IA podría frenarse. Eso golpeó a las acciones de las empresas fabricantes de memoria y semiconductores: Micron cayó alrededor de un 5%, y SK Hynix retrocedió con fuerza, en un rango que las distintas fuentes ubican entre 5% y más de 7% según el mercado en el que cotiza la acción. Otras compañías del sector, como SanDisk, también sufrieron caídas ese mismo día.
La reacción no tardó en llegar desde la política. Donald Trump salió a cruzar el pedido de desacelerar la IA. En su red Truth Social escribió que el único “control” o “guardarraíles” que la inteligencia artificial necesita es “un presidente fuerte e inteligente”, y agregó que Estados Unidos le lleva ventaja a China en esta carrera tecnológica. Trump también apuntó directamente contra Amodei, acusándolo de “hacerse el angelito” al pedir más regulación para la IA.


