Por Redacción Quvo
Durante décadas, el activo principal de un gran estudio jurídico fue relativamente fácil de identificar: sus abogados. Socios con experiencia, especialistas en determinadas ramas del derecho y ejércitos de asociados capaces de investigar jurisprudencia, revisar documentos y preparar contratos.
La inteligencia artificial está empezando a modificar esa estructura. Los grandes bufetes ya no compiten solamente por los mejores graduados de las facultades de Derecho. Ahora también buscan ingenieros, científicos de datos y especialistas capaces de construir e integrar sistemas de inteligencia artificial.
Reuters reveló esta semana que grandes firmas están acelerando la contratación de perfiles tecnológicos en momentos en que empresas y startups también compiten por ese talento. El fenómeno está dando lugar a puestos que hasta hace pocos años prácticamente no existían dentro de un estudio jurídico.
La tendencia va más allá de incorporar una nueva herramienta. Está empezando a modificar la organización de una de las profesiones más tradicionales.
Del abogado al equipo híbrido
Los nuevos puestos tienen nombres como AI engineer, científico de datos, responsable de innovación, especialista en automatización o Chief AI Officer.
Littler, una de las mayores firmas especializadas en derecho laboral, creó este año el puesto de Chief Artificial Intelligence Officer y nombró a Stephanie Goutos para liderar su estrategia global de inteligencia artificial. Su función incluye desde la adopción de herramientas hasta la gobernanza y el desarrollo de nuevas capacidades para los abogados.
Simpson Thacher, otro de los grandes estudios internacionales, también está buscando profesionales para su estructura de inteligencia artificial. La firma señala en sus búsquedas laborales que pretende utilizar estas tecnologías en diferentes áreas de práctica y convertirlas en parte de su estrategia de transformación.
El mercado laboral refleja el cambio. Consultoras especializadas en reclutamiento jurídico ya buscan perfiles como ingenieros de inteligencia artificial y machine learning, científicos de datos, responsables de producto tecnológico y directores de innovación para trabajar directamente dentro de estudios jurídicos.
¿Para qué necesita un estudio jurídico un ingeniero?
La respuesta está en el tipo de tareas que la inteligencia artificial empieza a realizar.
Los sistemas actuales pueden ayudar a revisar miles de documentos, encontrar antecedentes, analizar contratos, detectar cláusulas relevantes, preparar borradores y organizar grandes cantidades de información para una investigación o un litigio.
Pero comprar una plataforma no resuelve todo el problema.
Los grandes estudios manejan enormes cantidades de información confidencial y poseen metodologías propias. Para aprovechar la inteligencia artificial necesitan conectar los modelos con sus bases de conocimiento, diseñar procesos internos, controlar los resultados y establecer mecanismos de seguridad y supervisión.
Ahí aparecen los nuevos perfiles tecnológicos.
Algunas firmas están incluso desarrollando sistemas propios para diferenciarse. El Financial Times informó recientemente que grandes estudios están invirtiendo en herramientas personalizadas de inteligencia artificial para tareas jurídicas complejas. La tendencia convive con la utilización de plataformas especializadas como Harvey o Legora.
La lógica es similar a lo ocurrido en otras industrias: la ventaja puede dejar de estar únicamente en acceder a la tecnología y pasar a depender de cómo se integra esa tecnología en el negocio.
La profesión también empieza a cambiar
La transformación alcanza a los propios abogados.
Stanford Law School analizó este mes cómo la inteligencia artificial está modificando el mercado laboral jurídico. Los empleadores empiezan a valorar experiencia práctica con estas herramientas, aunque capacidades tradicionales como el criterio profesional, la comunicación, la confianza y el conocimiento del negocio siguen siendo centrales.
Las universidades también están reaccionando.
Al menos una docena de facultades de Derecho estadounidenses modificaron durante el verano boreal de 2026 sus políticas relacionadas con inteligencia artificial. Algunas restringieron su utilización; otras incorporaron cursos específicos o establecieron reglas para integrarla a la formación.
El debate ya no parece ser simplemente si los futuros abogados deben utilizar inteligencia artificial, sino qué deberían aprender a hacer con ella.
Una señal para otras profesiones
Lo que está ocurriendo en los estudios jurídicos puede anticipar una transformación más amplia.
Durante la primera etapa de la inteligencia artificial generativa, buena parte de la discusión se concentró en qué empleos podía reemplazar la tecnología. Pero empieza a aparecer otra dinámica: las empresas están rediseñando los equipos humanos alrededor de la inteligencia artificial.
Eso genera profesiones híbridas.
Un estudio jurídico puede necesitar abogados que comprendan tecnología, pero también ingenieros capaces de entender cómo trabaja un abogado. Una empresa financiera necesita especialistas en datos que conozcan regulación. Una compañía industrial puede buscar ingenieros que sepan construir agentes capaces de operar dentro de sus procesos.
Incluso ya aparecen búsquedas para puestos denominados Legal AI Engineer: profesionales ubicados exactamente en la intersección entre práctica jurídica, automatización e inteligencia artificial.
Por qué importa
La inteligencia artificial no está entrando en las profesiones únicamente para automatizar tareas. También está modificando qué talento necesitan las organizaciones y cómo se conforman sus equipos.
En el mundo jurídico, esto puede tener una consecuencia especialmente importante. Durante décadas, la carrera profesional siguió un recorrido bastante previsible: facultad de Derecho, ingreso como asociado y, para algunos, llegada a socio.
Ahora aparece un camino paralelo ocupado por ingenieros, científicos de datos y especialistas en inteligencia artificial.
El estudio jurídico del futuro podría parecerse menos a una organización integrada exclusivamente por abogados y más a una empresa multidisciplinaria donde juristas y tecnólogos trabajan sobre los mismos problemas.
Y ese cambio probablemente no termine en los estudios jurídicos. Lo que está ocurriendo allí puede ser una señal de cómo la inteligencia artificial empezará a rediseñar muchas otras profesiones de alto valor agregado.


